pintura
La Tapada
El origen de la obra
Esta obra comenzó con mi encuentro con Florencia Bourguat, fundadora de la bodega Piedras 202, en Mendoza.

Florencia me contó la historia de un vino en el que había trabajado durante diez años y que finalmente estaba listo para ser presentado al mundo. Después de nuestra exposición en la bodega, me invitó a crear la imagen para la nueva etiqueta.
Durante esa conversación también conocí la historia de su familia y su vínculo con el pintor peruano Pancho Fierro.

Así nació La Tapada.
Libertad detrás del velo
Me fascinó la figura de la Tapada Limeña, una mujer que ocultaba su rostro bajo un velo y dejaba visible solo un ojo.

Ese gesto no representaba una limitación, sino una forma de libertad.

Al permanecer anónima, podía decidir por sí misma quién quería ser y cómo mostrarse ante el mundo.
Lo que el velo esconde
Pero cuando finalmente levanta el velo, ya no aparece un rostro hermoso.
Aparece la muerte.
El velo cae. Y aquello que estaba oculto se vuelve visible.
Dos posibilidades al mismo tiempo
Esa dualidad se convirtió en el corazón de esta obra.
Durante mucho tiempo La Tapada se resistió a aparecer. Yo sabía que la imagen existía, pero no lograba verla. Era como si ella misma eligiera el momento de manifestarse.
Hoy se presenta en dos estados al mismo tiempo.
Una oculta su rostro para conservar su libertad.
La otra lo oculta porque detrás hay algo que todavía no estamos preparados para mirar.
La elección es nuestra
Una habla de la libertad de elegir.
La otra nos recuerda el precio de la curiosidad y que detrás de cada imagen siempre puede esconderse lo desconocido.
La Tapada nunca nos revela quién es realmente.
Nos deja a nosotros la decisión de descubrirla.